miércoles, 29 de junio de 2011

EL GORRION AJUSTICIADO

Para Los empleados de la compañía de televisión Endemol de la ciudad holandesa de Leeuwarden, aquél día de noviembre del año 2005 era un día de júbilo. Todos ellos, con extrema delicadeza y una enorme paciencia trabajaban pacientemente construyendo un castillo gigante compuesto por 3.992.397 piezas de dominó. Una labor que les otorgaría por segundo año consecutivo el afamado record Guinness, superando el anterior con 300,000 piezas más. La prensa y por supuesto la TV estaban presentes en el momento culminante, para dar fe de tan gloriosa hazaña.
El trabajo había sido arduo. Intensas semanas de trabajo y preparación habían dado como resultado una magnífica construcción de grandiosas proporciones, convertida en un soberbio monumento  que les permitiría alcanzar la gloria mundial, sintiendo que estaban construyendo la gran obra de su vida.
De vez en vez, aquellos afanosos constructores de lo efímero, se detenían a contemplar extasiados su obra, y sonreían satisfechos al sobrepasar sus propios límites. La obra era muy hermosa, algo verdaderamente genial y sorprendente. Habían cuidado hasta el más mínimo detalle y ahora, ya para dar el toque final, saboreaban las mieles de la gloria que tocaban a la puerta de aquél recinto.
Más de pronto, un pequeño pajarillo, un simple gorrión de los que tanto abundan en la comarca, entró por una ventana medio abierta. Los constructores lo miraron con espanto. La adrenalina les recorrió de pies a cabeza y contuvieron la respiración. Se sentían imposibilitados para expulsar a aquel indeseable intruso de la habitación, sin que alguno de sus movimientos pudiera dañar la obra. Ahí no se podía gritar, ni caminar de prisa, ni hacer movimientos bruscos, porque cualquier resonancia, cualquier pequeña corriente de aire podía mandar todo al suelo.
Hicieron algunos movimientos con las manos intentando que la avecilla regresara por donde vino, pero el pequeño gorrión totalmente desconcertado comenzó a dar giros por la habitación y ante el acoso de los constructores encontró fácil refugio metiéndose por una de las pequeñas ventanas del castillo, más estas eran tan pequeñas, que una de sus alas chocó con una ficha originando la temible catástrofe.
Gran parte del castillo se vino abajo. El gorrión asustado, salió volando estrepitosamente de entre las fichas que se precipitaban hacia el suelo y siguió dando giros de vuelo asustado sin encontrar la salida.
Uno de los constructores, explotando de ira salió corriendo de la habitación y trajo de su casa, que estaba cerca, un arma de aire comprimido. Volvió de inmediato y después de varios disparos, dio muerte a la intrusa avecilla.
Después se sentaron a lamentar su tragedia, mientras los periodistas escribían presurosos la insólita nota para difundirla en sus respectivos medios.
Ante todo esto viene a la mente la sabia frase de San Juan de la Cruz: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La verdad es que yo pienso que valía mucho más la vida del gorrión que su efímero castillo de fichas de dominó. O usted que opina?

ANTONIO ZEPEDA, SU HISTORIA

Antonio Zepeda, pregona en su figura ser descendiente de indígenas mexicanos, y al preguntarle sobre ello, reconoce orgulloso que tiene sangre otomí por parte de su madre y chatino por parte de su padre, aunque entre sus antepasados está el ilustre compositor cubano Ernesto Lecuona de quien muchos conocen su nombre y casi nada de su obra, y el inventor Don Jesús Lecuona de quien nadie conoce su nombre pero todos conocemos y disfrutamos de su obra ya que inventó la máquina para hacer tortillas.
Antonio ama profundamente a México, y parece como si jamás hablara de otra cosa que del amor por las tradiciones de su tierra, y de esa música que los antiguos espíritus metieron dentro de sus venas.

Aparenta ser un personaje extraño por su forma de vestir, siempre tendiente al folklorismo, y su abultada melena, que al caminar va lastimando los aires. Más en realidad es un hombre demasiado sencillo, ante quien hay que cerrar la boca y abrir muy bien los oídos, porque habla y habla sin que nadie lo pare, dejando siempre al escucha  sepultado en un mundo de interesantes historias.

Antonio nació a finales de la década de los 40’s y pasó su infancia en la popular colonia Doctores de la Ciudad de México, mostrando desde pequeño sus habilidades para el baile, lo cual con el tiempo le permitió alguna vez participar en una coreografía con Perez Prado. Después, ya cuando contaba con 16 años, coqueteó con la actuación colaborado con grupos universitarios, donde conoció a Aldo Zarelli con quien inició una gran amistad y posteriormente formaron el trio de baile The Dancing Shoes, con Gloria Lilia Aguilera.

La iniciativa dio buenos resultados, ya que pronto participaron en eventos importantes como el sorteo del Universal en 1964 y en una temporada con Pérez Prado en el Teatro Blanquita. Llegando a su punto culminante en una presentación realizada en el día del boceador, cuando  bailaron cumbia con la orquesta de Ramón Márquez y  Mikey Laure ante 15 mil espectadores en el Auditorio Nacional.

El espíritu inquieto de Antonio le llevó lejos de México, en plan de aventura, más que cualquier otra cosa, y en sus andares conoció a Lísskulla, una diseñadora escandinava de quien se enamoró y casó luego con ella. Pasaron su vida matrimonial viviendo en Washington, Nueva York, París y Estocolmo.

Para mantenerse diseñaban ropa dedicada a la burguesía alocada de la época. Iban a las peleterías de cada lugar, compraban pieles y hacían pantalones ajustados y acampanados y chalecos llenos de tiritas. Complementaban los atuendos con collares de diseños indígenas y algunos sombreros apropiados para hippies adinerados.

Sus creaciones fueron muy bien recibidas, al grado que muchos pintores mexicanos e intelectuales de la época se convirtieron en sus clientes habituales: Cuevas, Góngora, Felipe Ehrenberg, Arnaldo Cohen, entre muchos otros.

Estando en Nueva York, Antonio y Lísskulla decidieron separarse después de seis años de alocado matrimonio. Amortiguó la soledad al entrar en contacto con el museo de la Cultura Portorriqueña, llamado Museo del Barrio, donde residía un grupo de danza y música al cual se integró como bailarín, al ritmo de Bomba, un tipo de mambo a la Perez Prado aderezado con el acompañamiento del golpeteo de un ring de coche.

La percusión se convirtió en parte vital de su vida. Se dio cuenta que tenía demasiada facilidad para ello, lo cual le permitió formar luego la agrupación Astracarnaval, al lado de varios percusionistas brasileños. Le tocó aprender y foguearse con figuras de muy alto nivel, como Guilherme Franco, percusionista de McTyner, Nacho Mena, percusionista de Ornette Coleman, Lula Nacimento, percusionista de la Sinfónica de Bahía, Tutti Moreno, percusionista de María Bethania y Caetano Veloso, y Joao Palma, baterista de Antonio Carlos Jobim, entre otros. Toda una conjunción de brillantes estrellas que le permitieron aprender el arte del buen percusionista.

En Nueva York tocó mucho con músicos de free jazz, donde se valía de todo, lo importante era la originalidad y creatividad de cada músico; así que logró una libertad absoluta para manejarse con cualquier tipo de tambores. Las percusiones fueron un espejo de su existencia, llena de una libertad sin límites, donde podía hacer lo que quisiera encaminándose siempre a conseguir en su vida y en su música una auténtica obra de arte.

La música se convirtió en su pasión. Nació sumergido en el mambo, el cha cha cha, la guaracha, el danzón y los boleros. Aprendió a amar al Son Clave de Oro, Los Panchos, Perez Prado y en su disipada juventud a Los Beatles, Los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Cream, a quienes tuvo la oportunidad de ver en algunos conciertos en San Francisco y diversos lugares de la Unión Americana. Pero también se apasionó con las grandes figuras del jazz y el blues. Desde Muddy Waters hasta Miles Davis.

Ni cuenta se dio cuando se convirtió en un amante de la mexicanidad. Su desmedido amor por los instrumentos musicales, le llevaron a coleccionar tambores e instrumentos de muy diversas partes del mundo. Cualquier objeto tradicional que fuera capaz de producir música le provocaba un incontrolable deseo de posesión. Así fue como se llenó de ocarinas, flautas, caracoles, silbatos y por supuesto una enorme cantidad de instrumentos de percusión.

Con aquella enorme riqueza instrumental que poseía, lógico es que decidió realizar sus creaciones, inclinándose paulatinamente por la música prehispánica a través del estudio de las corrientes musicales más antiguas de nuestro México.

Los instrumentos antiguos siempre le han provocado enorme respeto y devoción. Ante ellos se siente humilde e indigno de utilizarlos. La primera vez que intentó tocar el caracol se le dificultó demasiado. Hasta que cierta noche, estando arriba de la pirámide de El Sol, en un ambiente de profundo misticismo y unidad con los espíritus ancestrales, su amiga Susana lo tocó y luego se lo pasó para que lo intentara. Antonio denegó la propuesta, pero su amiga le dijo que lo hiciera con humildad y él accedió. Al soplar surgió el sonido, como un lamento en sublime invocación. En aquél momento se sintió iluminado por los dioses y a partir de entonces nunca volvió a tener problemas para tocarlo.

Después, en un viaje a Guatemala, llevó consigo algunas flautas indígenas que había conseguido a través de Jorge Daré, un musicólogo que tenía un basar en el DF a finales de los 70’s. Llegó hasta Panahachel, en la rivera del lago Atichal .Ahí frente a los dos volcanes que se reflejaban en la superficie del lago, comenzó a tocar en serio sus instrumentos de aliento. Entonces surgió el compromiso de por vida de dedicarse a ello. Se dio cuenta que estaba llamado a promover la música de los ancestros. A través de esta música obtuvo luego la libertad, la independencia económica y un verdadero sentido para su vida.

En 1973 Antonio realiza su primera grabación con la música para la película Shak, filmada en los altos de Chiapas y la selva Lacandona. Una cinta de culto, hablada en maya y actuada por actores no profesionales.

Después vinieron una tras otra las grabaciones y presentaciones. Su presencia fue requerida en diversos sitios de América y Europa. La música le trajo grandiosas experiencias de todo tipo. La conexión con fuerzas espirituales, la comunión con los indígenas, la unidad con la tierra…

A encontrado la luz y colores de la música, el camino que le acerca al espíritu de las personas, las propiedades que tiene el sonido para curar o dañar.

En cierta ocasión estaba haciendo un dueto con Jerome Cooper, baterista del Revolutionarian Ensamble, un importante grupo de jazz de los 70’s, cuando de pronto y de la nada, surgió un extraordinario eco de voces infinitas, que interpretó como el canto de las ánimas, que realizaban un arco sonoro de hermosa belleza. Estaba tocando con los ojos cerrados y la boca abierta y cuando cerró sus labios las voces se apagaron, dándose cuenta que era a través de su boca que era a través de él como se estaba proyectando aquél sonido. Abrió los ojos para ver quien estaba a su lado, miró hacia atrás, para ver si alguien estaba cantando a sus espaldas y solo encontró a Jerome, quien también estaba sorprendido de lo que sucedía.

Cuando la interpretación concluyó Jerome le dijo: “Jamás había escuchado que surgiera una melodía de los tambores”. Antonio no dijo nada, se sentía totalmente desconcertado. Se levantó, fue al baño y se miró en el espejo. Le sorprendió ver su pelo, que era totalmente negro como el de los indígenas, esta vez totalmente plateado, al igual que su barba, como si hubiese envejecido 50 años, y había un triángulo luminoso tras de él. La música se había convertido para él en un crisol que minimizaba su cuerpo material y hacía florecer la plenitud de su espíritu.

Tiempo después le invitaron a realizar un concierto en la casa de la comunidad indígena norteamericana cerca de Nueva York. Antonio había venido padeciendo de una extraña urticaria que los médicos no le habían podido resolver. Los indígenas le solicitaron un concierto curativo y él pensó que aquello le vendría bien, ya que él mismo estaba enfermo. Colocó un círculo de veladoras azul y blanco y se colocó con todos sus instrumentos en el centro. Los indígenas, llenos de profundo respeto se colocaron alrededor del círculo en total silencio. Antonio comenzó a tocar y el sonido de sus tambores y flautas fue poco a poco envolviendo a todos los presentes. Un enorme poder se hizo presente llevando a todos hacia el éxtasis, brotando de los labios de aquellos indígenas un murmullo semejante a un mantra que adormilaba los sentidos haciendo que todos se fusionaran en un solo espíritu. Después de aquella mística reunión, Antonio sanó de la urticaria.

Antonio dice que lo sagrado tiene muchas caras, lo cual puedes percibir cuando te sensibilizas y sabes reconocer lo sagrado en todo aquello que lo tiene, apartándote de ideologías y sectarismos. Para él la música es un extraordinario puente que une al hombre con las divinidades.

En México existen ciertos grupos que a través de la música se hermanan con el Gran Espíritu, como los Kakis, los mareños de Oaxaca, los tamborileros de Tabasco, los Voladores de Papantla que tienen mucho que ver con la música de los ancestros. El Espíritu musical los anima a expresarse a través de él. Es un espíritu refinado y animalezco, donde el cuerpo y el espíritu se convierten en una sola unidad.

Antonio Zepeda nunca ha catalogado su música como prehispánica, solo dice que hace música con instrumentos prehispánicos o mesoamericanos. Está plenamente conciente que sus creaciones distan mucho de las que realizaban los antiguos nativos mexicanos de antes de la conquista. Aunque los sonidos son los mismos y la unidad espiritual sea semejante.

Respecto a su participación musical en la película Apocalipto, manifiesta una tremenda desilusión. Desde todos los puntos de vista la película fue un auténtico desastre, ya que Mel Gibson cometió errores de guión imperdonables. Y para colmo de males, James Horner, quien le solicitó a Zepeda unos temas, al final solo se aprovechó de ellos para realizar su propia música que no respeto en nada la esencia de nuestra música ancestral.

MAURICE TILLET: EL ORIGEN DE SHREK

Seguramente usted ha visto la película Shrek, una cinta de animación realizada por la compañía Dream Works. Ya sabe que se trata de una historia de ficción donde un ogro de buen corazón es rechazado por su aspecto físico. La producción es muy buena y le ha proporcionado grandes dividendos a la compañía. Pero, no crea que todo es una simple fantasía, la verdad es que Shrek está inspirada en un personaje real llamado Maurice Tillet, de quien tomaron la personalidad y el físico, porque Tillet era igual, o perdone usted, más feo que el famoso Shrek.
Maurice Tillet nació en Francia en 1910 y tuvo la desgracia de sufrir una enfermedad endocrinológica que altera en exceso la producción de la hormona del crecimiento, llevando a una desproporción a las extremidades y la cabeza.

Además de las deformidades físicas, la enfermedad provoca una muerte prematura y una vida de dolores físicos, al derivar en artritis, migrañas, hipertensión, diabetes y problemas cardíacos así como renales.
Todo esto lo padeció Tillet, pero jamás se doblegó. Pese a su apariencia de monstruo, con todas sus deformidades y lo peor, sus grandes dolencias, fue un apasionado del estudio y jamás dejó de aprender, al grado que hablaba 14 idiomas y escribía poesía.
Tenía un enorme deseo de llegar a ser actor, más fue rechazado una y otra vez en su país, sufriendo humillaciones y hostilidades. Así que no le quedó otra que escapar rumbo a los Estados Unidos, donde no encontró un trabajo de su agrado y terminó por convertirse en luchador profesional, siendo conocido como “el ogro del cuadrilátero”, y luego como “el ángel francés”. Y seguramente fue bueno en la lucha, porque se hizo bastante famoso.
Jamás encontró una dama lo suficientemente fea y de buen corazón para entregarle su amor, así que permaneció soltero, únicamente rodeado de unos cuantos amigos. En 1955, acosado por los problemas cardíacos de su enfermedad, ya en su lecho de muerte, realizaron tres moldes de su cara y después se hizo un busto de Tillet. De ahí se inspiraron para hacer a Shrek.
Lo único que Maurice Tillet nunca tuvo deforme fue su corazón, porque quienes lo conocieron afirmaron que era un amigo inigualable.

TOPSY, LA ELEFANTA ELECTROCUTADA POR EDISON

El año de 1903. Topsy tenía 28 años y era una de las atracciones principales del Luna Park de Conney Island. Era una elefanta de tres toneladas, que sabía realizar diversas maniobras y proezas que gustaban mucho a los visitantes y por supuesto, mucho más a los niños. Pero Topsy era un animal resentido. Dicen que los elefantes nunca olvidan y sin duda que este era su caso. El animal había sido “educado” a golpes, aunque los moretes siempre se perdían entre las arrugas y lo grisáceo de su piel. Y Topsy les cobró la factura. Mató a uno, después a otro de sus entrenadores y al final arremetió contra su cuidador, quien le llenaba la comida de colillas y cigarrillos encendidos tan solo por el placer de mofarse el animal.
Con tres víctimas en su haber, los propietarios del Luna Park decidieron deshacerse de la elefanta. Así que probaron con zanahorias untadas con cianuro, pero no les funcionó. El animal no pasó de tener una fuerte indigestión. Entonces a uno de los dueños del Luna Park se le ocurrió sacar provecho del asunto, así que anunciaron que Topsy sería ahorcada públicamente por sus crímenes. Por supuesto cobrando por asistir a la función. La noticia causó gran sensación en la población. Y aunque a usted le parezca algo horroroso, una gran cantidad de personas se dispusieron a pagar el precio del boleto para asistir al macabro espectáculo. Más los defensores de los derechos de los animales elevaron su enérgica protesta, por considerar que era totalmente inhumano, demasiado cruel el numerito, así que los organizadores tuvieron que buscar otra solución.
Enterado del asunto el prestigioso Thomas Alva Edison, propuso que se utilizara un sistema que él y uno de sus colaboradores venían desarrollando desde hacía algunos años. Concretamente desde 1890, año de la primera ejecución con silla eléctrica en el Estado de Nueva York. Se trataba de freir a la Elefanta con descargas eléctricas. Y esto le pareció a las asociaciones de animales una forma más “humana” de matar al animal.
Edison tenía experiencia en esto de freir animales, ya que estaba en competencia contra la compañía Westinghouse, para dominar el mercado del sistema eléctrico. Así que Edison se la pasó electrocutando perros y gatos en su laboratorio para demostrar que el sistema que proponía la Westinghouse era una verdadera amenaza para los hogares. Y estaba dispuesto a probarlo a gran escala electrocutando a Topsy con el sistema de electricidad que promovía su competidor, que era la corriente alterna.
Edison mandó a sus técnicos, que colocaron a Topsy sobre una plataforma metálica y dispusieron en torno a ella todo tipo de electrodos, en la cabeza y en los pies. Más de 1.500 personas se congregaron en Coney Island para presenciar la ejecución. La pobre Topsy cayó desplomada en cuestión de segundos. Edison registró las imágenes en una cámara de su propia invención y se dedicó después a exhibirlas por todo el país con gran éxito: "Electrocuting an elephant", toda una demostración de los inconvenientes de la corriente alterna.
Después de la muerte de Topsy, el Luna Park fue destruido por un terrible incendio. Aunque aún existe el video de la forma como realizaron la ejecución. Hasta en Youtube lo puede usted “admirar”.

EL SECUESTRO DE JACOB

El 27 de septiembre del año 2002, Jacob von Metzler, un niño de once años de edad, vástago de una familia de banqueros de Francfort, fue secuestrado camino de la escuela a casa, por un tipo llamado Magnues Gäfgen, estudiante de derecho de 27 años de edad.

Posteriormente Gäfen exige, a través de una carta, un rescate de un millón de euros, asegurando que el niño está vivo y que será devuelto a la familia si ésta paga la suma. La familia del niño notifica de inmediato a la policía.

El 29 de septiembre, Gäfen acude a recoger el dinero en su automóvil a un lugar acordado con la familia. La policía lo observa y lo siguen, esperando dar con el paradero del niño, más su estrategia fue infructuosa.

Al día siguiente, Gäfen y su novia son detenidos en el aeropuerto de Francfort, y se le acusa formalmente de haber cometido el secuestro. Más en los interrogatorios Gäfen declara diferentes sitios donde sería posible encontrar al niño, y la policía pronto constata de que ha recibido mentira tras mentira.

El 1 de octubre, harto de la situación, el vicepresidente de la policía de Francfort, Wolfgan Daschner, gira una orden para que se amenace con tortura física al acusado si no confiesa la verdad. Los encargados de cumplir la encomienda no se anduvieron por las ramas, y utilizaron métodos contundentes para hacerlo confesar. Al final Gäfgen admitió que el niño está muerto y que echó el cadáver a un lago cercano, donde la policía efectivamente lo encuentra poco después.

El motivo del secuestro fue el “hacerse de dinero fácil” y confiesa detalle por detalle como planeó todo y ejecutó los hechos. En el departamento de Gäfgen la policía encontró el millón de euros casi completo.

Más la historia no terminó ahí. El abogado de Gäfgen halló una nota en las actas policiales, con la cual Deschner había solicitado las amenazas de tortura para el delincuente. Esto desencadenó una demanda en su contra y el 17 de febrero se iniciaron las investigaciones del caso en su contra por sospecha de coacción.

Esta situación puso a los jueces ante la disyuntiva de decidir entre dos bienes jurídicos: por un lado, Daschner ignoraba que el niño estaba muerto e intentaba de esa manera salvarle la vida y por otro, están los famosos derechos humanos del acusado, a quien se le debe respetar su integridad física y psíquica, aún cuando sea el sospechoso de un crimen.

El caso fue ampliamente difundido y la sociedad alemana se dividió. ¿Daschner era un héroe o un villano? Hubo apasionadas opiniones al respecto. La revista Stern publicó una encuesta que mostraba que el 60% de la población germana estaba a favor de lo que hizo el policía, de 61 años. Más en el momento del juicio abierto contra Daschner por “grave coacción”, varios manifestantes se acercaron a las puertas del Tribunal Regional de Francfort para protestar por el abuso de autoridad.

Finalmente el tribunal decidió, como era de esperar, por dar mayor valor al bien de integridad del acusado, es decir, fallaron en contra de la tortura por parte de un representante de la autoridad estatal.

No obstante, teniendo en cuenta que los móviles de los acusados habían sido altruistas y de ninguna manera en provecho personal o por patologías psíquicas, los jueces determinaron sancionarlos económicamente, aunque con una condena condicional, lo cual significa que ambos castigados cubrirán el importe de la sanción únicamente en el caso de que vuelvan a incurrir en actos de la misma índole. Por supuesto que esto levantó una serie de protestas de parte del abogado defensor del criminal y de todos aquellos que están en contra de la tortura, más la sentencia fue inapelable..

¿Qué habría hecho usted en este caso?

LUIS XIII Y SU PRIMERA VEZ

Era el año de 1610 cuando Luis XIII fue proclamado rey de Francia. Apenas contaba con 10 años de edad. Cinco años después lo casaron con Ana de Austria, hermana de Felipe IV. A los 15 años de edad el rey Luís, se sentía tan desconcertado que no entendía ni lo más mínimo de sus funciones reales, y mucho menos lograba comprender sus obligaciones conyugales.
El joven monarca, llegada la noche se tumbaba en la cama sin apenas darse cuenta que tenía una compañera al lado. Una joven reina que deseaba algo más que escuchar los ronquidos de su noble marido, pero que aguantó noche tras noche esperando que el rey tomara la iniciativa, tal y como debía de ser. Se movía incómoda de un lado a otro, suspiraba, lo tocaba con disimulo, más el rey Luís parecía no darse por enterado de la impaciencia de su apasionada esposa.
Cansada de la situación, Ana de Austria se quejó amargamente con un hermano Felipe IV, y como la situación era bastante delicada, éste se entrevistó con el Papa en búsqueda de una solución, y el Papa a su vez le turnó el problema a su nuncio en París, quien delegó la situación al embajador de Venecia, amigo del joven rey.
El nuncio y el embajador no se sentían muy seguros del motivo de la situación, quizás fuera un total desinterés del rey Luís, por su mujer al no haberla él escogido, o tal vez fuera por timidez, ya que no era muy extrovertido, o quizás hasta pudiera tratarse de un caso de ignorancia. De todas formas urdieron un plan para mostrarle al rey en que consistía exactamente el proceso amatorio. Para ello condujeron al joven a una sala privada en la que le esperaba su hermana, la duquesa de Vendome, y su marido, quienes le hicieron una demostración práctica.
En la demostración estuvo presente el médico del rey, quien fue comisionado para constatar el efecto físico que el insólito espectáculo provocaba en el rey, a quien en el momento indicado se le instó a acudir a su lecho conyugal, donde le esperaba su esposa convenientemente preparada.
El rey aceptó la propuesta y acudió presuroso al lecho con su esposa, y no defraudó las expectativas; testigo de ello fue su sacerdote confesor quien estuvo presente ante la consumación de los hechos y les dio su bendición.

viernes, 24 de junio de 2011

EL PLANETA VENUS

El planeta Venus era conocido en la antigüedad como la “estrella de la mañana” y “estrella de la tarde”, esto debido a que es el objeto celeste nocturno más brillante después de la Luna. Este planeta recibió el nombre de la diosa romana del amor y la belleza y permanece siempre oculto bajo una gruesa cubierta turbulenta de Nubes. Tiene un tamaño muy similar al de la tierra, aunque es totalmente diferente a nuestro planeta.

Tiene una presión 92 veces mayor que la de la tierra, lo cual significa que si estuviéramos sobre él sentiríamos una carga aplastante sobre nuestros hombros, como si nos encontráramos a un kilómetro bajo la superficie del mar. Y a esto debemos agregar que es un auténtico horno de fundición, ya que la temperatura en la superficie es de unos 482 grados centìgrados y en las zonas cercanas al Ecuador puede llegar hasta los 500, esto se debe a un efecto de invernadero causado por la pesada atmósfera y el dióxido de carbono. La luz solar atraviesa la atmósfera para calentar la superficie del planeta. El calor es radiado de nuevo hacia el exterior pero es atrapado por la densa atmósfera y no puede escapar hacia el espacio, lo cual lo hace un auténtico infierno.

Las nubes que cubren este planeta están compuestas por gotas de ácido sulfúrico. Un auténtico veneno. La topografía Venusiana está compuesta por vastas llanuras cubiertas por ríos de lava. Los volcanes y fenómenos volcánicos están a la órden del día. Al menos el 85 % de la superficie de Venus está cubierta por roca volcánica. Hay grandes líos de lava, que se prolongan por cientos de kilómetros, destacando uno de ellos con casi 7,000 kilómetros de longitud. Hay más de 100,000 pequeños volcanes y cientos de grandes de ellos. Además la superficie del planeta está muy afectada por los impactos de meteoritos, la mayoría de ellos de más de 2 kilómetros de longitud.

Un día Venusiano tiene una duración de 243 días terrestres, y dura más que uno de sus años: dar una vuelta sobre sí mismo le lleva 243 días terrestres. Y para completar las curiosidades de este planeta, quiero decirle que el sol sale por el oeste y se pone por el este. Exactamente al revés que en la tierra.

EL BESO


El beso es parte esencial de la relación entre los enamorados. Bueno, el beso en la boca, porque también hay otros tipos de beso. Besa la madre a su bebé, los hijos a sus padres y a sus abuelos, y ahora se acostumbra que se besan los chicos con las chicas, o chicas con chicas, e incluso entre políticos, pero estos son besos en la mejilla.

Más el beso no es bien visto en todas partes. En ciertas regiones de China el beso es algo repugnante, los esquimales en lugar de besarse se frotan nariz con nariz, cosa que también hacen los birmanos; en Turquía, el beso está prohibido en las películas, y en Connecticut (USA), hay algo muy curioso, la ley prohibe a los esposos besarse en domingos y fiestas de guardar. Los más atrevidos son los filipinos, ya que al besar lo hacen chupando.

El beso se originó al parecer en Europa. Los griegos acostumbraban besar el pecho de sus superiores, y los emperadores extendían delicadamente la mano para ser besada por los campesinos; aunque a veces preferían que les besaran la rodilla. Entre los africanos, la costumbre era que ante el rey se besaba el suelo que pisaba. Y a los sacerdotes se les besaba el pie o las vestiduras.

El beso entre los hombres tampoco es nada nuevo, esto ya se usaba en la Edad Media, pero solo estaba permitido entre los de una misma posición social. Si era un funcionario, entonces se besaba la mano y si era alguien más importante, era necesario agacharse y besar el suelo.

A fines del siglo XVII, los ingleses eran el pueblo más besuqueador del planeta. Pero se les quitó la maña, cuando allá por el año 1665 llegó la peste bubónica que asoló Inglaterra, y que se propagó fácilmente debido al beso. A partir de entonces ya nadie besó como antes.

Cuando se celebró el campeonato mundial de fut bol México 70, por orden superior, se prohibió que las cámaras de TV registraran a los futbolistas Europeos al momento de celebrar el gol,  sobre todo ingleses y franceses, ya que estos fornidos jugadores lo festejaban besándose en la boca.

Un antiguo proverbio dice “Un beso es algo que no se puede dar sin recibir”

ROBERT NIXON, EL LOCO ADIVINO

Un muchacho campesino de Cheshire, Inglaterra, en el siglo XV, llamado Robert Nixon, era un retrasado mental, que por lo general era demasiado callado. Aunque en ocasiones tenía explosiones de verborrea a las que nadie les prestaba realmente atención. Al fin que estaba loco.
Una tarde, mientras trabajaba en los campos, Nixon de pronto comenzó a decir una serie de cosas incomprensibles. Con mucho entusiasmo exclamó:
-       ¡Ahora Dick!, ¡Ahora Harry! ¡Muy bien hecho Harry! ¡Harry ha ganado la batalla!.
Quienes lo escucharon rieron de buena gana con sus extrañas palabras, más no creyeron que estas tuvieras significado alguno. Pero al día siguiente, un correo que estaba de paso procedente de Londres informó que el rey Ricardo, a quien llamaban Dick, había muerto en combate contra las fuerzas del rey rival, Enrique Tudor, a quien llamaban Harry. La batalla había sucedido el día anterior y, al parecer en el mismo momento en que el loco Nixon había dicho aquellas extrañas palabras, que ahora todo mundo entendía a que se referían.
Cuando Enrique Tudor, convertido en Enrique VII de Inglaterra, se enteró del incidente, envió a buscar al visionario retrasado mental, pero Nixon se puso histérico cuando se le entregó la orden de presentarse ante el rey. Quedó petrificado ante la idea de tener que ir a Londres y suplicó que no le obligasen a ir. Si lo hacía, afirmó, seguramente moriría de hambre. Pero a pesar de sus protestas, muy pronto fue escoltado hasta el palacio, donde Enrique VII escondió un valioso diamante, alegando que lo había perdido. Sin embargo Nixon  tenía mucho más talento que el que el rey había dado por supuesto. De una manera muy tranquila le dijo que quien esconde un objeto, es el más indicado para saber donde se encuentra, así que él no tenía ninguna necesidad de decirle a su Majestad dónde se hallaba el diamante.
El rey quedó sumamente impresionado, así que instaló a Nixon en el palacio, ordenando que se escribiera todo lo que aquél retrasado mental dijera. Fue así como predijo las guerras civiles inglesas y la guerra con Francia, al igual que las muertes y abdicaciones de varios reyes.
A pesar de su exitoso cargo al servicio del rey, Nixon se veía constantemente acosado por el miedo a morir de hambre. Y para evitarle dicho tormento, el rey  ordenó que a Nixon se le diera de comer cuanto quisiera, lo que quisiera y a la hora que deseara. Por supuesto que esto no cayó en gracia de los cocineros de palacio, pero acataron al pie de la letra la orden del rey. Cuando el rey salía de palacio le encargaba a un funcionario que velara en todo momento por la seguridad de Nixon y le atendiera en todas sus necesidades. La orden era tan estricta que el funcionario sentía pavor de quedar mal con el rey, así que estaba muy al pendiente de todo cuanto Nixon necesitaba.
Pero en una de esas ocasiones en que el rey salió del palacio, el funcionario encargado de Nixon fue solicitado para una urgente encomienda, y para evitar problemas de riesgo con Nixon, lo encerró en un armario. Dando la orden a los guardianes de que lo alimentaran y cuidaran para que no le pasara nada. Pero los guardianes se olvidaron del encargo, y cuando el funcionario regresó encontró a Nixon muerto dentro del armario. No hubo quien le diera de comer.

LAS VELAS


Parece ser que la vela se adoptó relativamente tarde para la iluminación casera. La más antigua descripción aparece en escritos romanos del siglo I d.C., y este nuevo invento se consideraba una obra de arte. Hechas de sebo, un extracto sólido casi incoloro e insípido de grasa de animal o vegetal, las velas eran también comestibles, y abundan los relatos acerca de soldados que, acosados por el hambre, devoraron sin titubear sus raciones de velas. Siglos más tarde, los guardianes de faros británicos, aislados durante períodos de varios meses, hicieron de la ingestión de velas una práctica profesional reconocida.
Incluso las velas de sebo más caras exigían que, cada media hora, se despabilara el extremo carbonizado de la mecha o pabilo, sin extinguir la llamar. Una vela que no se sometiera a esta operación, no sólo difundía una pequeña parte de su capacidad, sino que la llama, al arder muy baja, derretía rápidamente el sebo restante. De echo, en una vela que se dejara arder por sí sola, sólo se consumía el 5 por ciento del sebo, y el resto quedaba sin aprovechar. Sin que alguien las despabilara, ocho velas de sebo con un peso de una libra, se consumían en media hora. Un castillo en el que ardían cientos de velas de sebo por semana, requería un equipo de sirvientes encargados de despabilarlas.
Hasta el siglo XVII hubo compañías teatrales que contaban con un muchacho al que se confiaba esta tarea. Ducho en este arte, entraba de vez en cuando en escena, en ocasiones coincidiendo con un momento de tensión dramática, para recortar los pabilos carbonizados de las velas humeantes.
Aunque su entrada solía ser ignorada, si remataba con éxito la operación con todas las velas, el público le dedicaba un aplauso. Esta dif´cil tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo XVII, cuando se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporaban parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las velas fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
La Iglesia católica ya había adoptado el lujo de los cirios de cera, y la gente muy rica los empleaba para las grandes ocasiones. Datos referentes a una de las grandes mansiones británicas muestran que, durante el invierno de 1765, sus habitantes consumieron mas de cien libras de velas de cera en un mes.
En el siglo siguiente, las velas de lujo serían la de cera blanquísimo y reluciente, la dura y amarilla de sebo vegetal, procedente de China, y la vela verde perfumada con laurel, utilizada en la costa nordeste de Norteamérica.
Se dice que las primeras velas fueron desarrolladas por los antiguos Egipcios, quienes  “Velas de Junco” o antorchas empapando los carrizos de sebo fundido, sin embargo, los romanos fueron los que mejoraron las velas utilizando pabilo, de esa manera  auxiliaban a los viajeros en la oscuridad, y proveían de lus a los hogares y sitios de culto. Al igual que los egipcios, los romanos utilizaban el sebo de las ovejas y vacas como principal ingrediente.
A finales del siglo XVIII, gracias al auge de la casa de ballenas, las velas comenzaron a hacerse con la esperma de las ballenas, el cual lo obtenían de la cabeza del animal. Tuvo gran éxito ya que las velas que se fabricaban con este material. No tenían olor desagradable, al prenderse, además de que no se reblandecían o deformaban con el calor del verano.
Las primeras velas y cirios se elaboraron con sebo, grasa animal que desprendía un humo negro poco atractivo; luego este ingrediente fue remplazado por la cera de abeja, un elemento de costo elevado que podría ser adquirido por los clérigos u las ricas minorías. A mediados del Siglo XIX, el desarrollo de la estearina como compuesto químico, originalmente producido a partir de la grasa (mineral) refinada que produjo grandes cambios en la técnica de hacer velas; se extendieron los tiempos de mayor duración, dureza y los colores se tornaron más opacos y de buen olor.
Hacia 1850 durante el proceso de refinación del petróleo, se descubrió una cera de color blanco azuloso que ardía limpiamente y no emitía olor desagradable, se le llamó cera parafina, que pronto sustituyó a los materiales que en ese entonces se utilizaban en la fabricación de las velas.
En la época colonial, se utilizó la cera que se obtenía hirviendo las bayas de árbol de la cera, si bien ardía limpiamente, el proceso de obtención era demasiado tedioso, , por lo que su popularidad disminuyó. Fue en el Siglo XIX, cuando se comienzan a fabricar las velas en maquinas de producción continua.
En la actualidad, las velas se encienden para crear un clima especial que según la ocasión, puede ser confortable, cálido, íntimo o romántico. Además constituyen un importante recurso decorativo muy usado durante las fiestas Navideñas y otras celebraciones especiales, en la que comenzamos a impregnarnos de esa energía de esa energía que transmiten, porque sin duda, un ambiente iluminado por velas está rodeado de un halo mágico que misteriosamente consiguen hechizarnos.
El origen de las velas es tan antiguo como la civilización humana, su utilización milenaria siempre ha sido asociada a fines místicos. En las diferentes culturas han sido usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente  y la llama al espíritu.
No importa que tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios, hogares, etc.
Las velas también han sido usadas para efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado, prosperidad, abundancia, salud entre otros.
Se ha dicho con frecuencia que cuando la llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en la casa  en las cercanías. En Alemania, una vela cuya llama se divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que suelte una chispa al aire, significa que pronto llegará una carta para aquél que esté sentado enfrente o más cerca de ella, había tres ocasiones principales en las que se encendían velas: En el nacimiento, para asegurar que los malos espíritus se mantuviesen alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al niño bajo la protección personal de la diosa Vesta.
En el matrimonio, para impedir que “El mal de ojo” arruinará el futuro de la pareja, mientras que las velas encendidas en la muerte, eran una salvaguardia, pues ningún demonio se atrevería entonces a robar el alma del fallecido.
Las subastas de velas eran muy comunes en los siglos XVII y XVIII y se cree que aún existen algunas hoy en día. Se clavaba una aguja en una vela, a una pulgada bajo la mecha y la subasta continuaba hasta que caía la aguja, siendo la última oferta hecha antes de la caída de la aguja la que se aceptaba.
Contrariamente a lo que se diga, los ritos que se efectúan con velas son altamente efectivos. Ya que al prender una vela se está abriendo una puerta a otra dimensión, a otro plano astral superior, es muy importante que cuando prendamos una vela sea con un cerillo de madera para que la magia sea completa y cuando la apaguemos sea con la punta de los dedos mojados o con una campanita para sofocar la flama. Nunca debe soplarse ya que de lo contrario la magia será nula.

EL SACRIFICIO AZTECA

Hoy nos horrorizan las escenas de guerra, al ver tantas víctimas inocentes, entre ellos infinidad de niños, muertos, mutilados o traumatizados ante la violencia que se desata a su alrededor. Nuestro mundo ha cambiado, aunque por desgracia no lo suficiente.
En el nombre de Dios se han cometido demasiadas locuras. En épocas antiguas las personas enviaban a sus hijos para ser decapitados, quemados, estrangulados, ahogados o arrojados a los desfiladeros, como ofrenda a los dioses. Creencias absurdas, tal y como hoy nos damos cuenta. Tan absurdas como muchas de las que hoy tenemos y que nos llevan a realizar actos abominables.
Según la creencia de los Aztecas, el Sol, que era su dios, podía desaparecer si no se le alimentaba diariamente con una buena dosis de corazones y de sangre. Por ello emprendían guerras llamadas “floridas”, para capturar a muchos de sus enemigos y tener material necesario para alimentar el apetito insaciable de su dios Sol.
Los prisioneros eran llevados ante los altares de piedra, donde los sacerdotes les sacaban el corazón con un filoso cuchillo de obsidiana. Después la carne de los brazos era consumida como parte del rito, por quienes efectuaban el sacrificio. Amontonando  los cráneos de las víctimas en plataformas que contenían hasta 10 mil cabezas.
Más no solo se sacrificaba a sus enemigos, también eran llevados al sacrificio muchos niños llorones, porque sus lágrimas motivaban al dios de la lluvia a regar las cosechas. Mientras que a las muchachas vírgenes se les sacrificaba para deleite de la diosa del maiz.
En 1487, cuando el gran templo azteca de Tenochtitlan fue consagrado, ocho equipos de sacerdotes trabajaron durante cuatro días para sacrificar a 20 mil prisioneros, haciendo que la sangre derramada corriera por las calles.
La era del sacrificio terminó cuando los conquistadores españoles destruyeron las civilizaciones maya, inca y azteca.
Se entiende que los aztecas hayan sido así, porque esto era acorde con sus creencias, su cultura y su ignorancia, pero lo que no es posible entender es que en un mundo de gente “civilizada” hoy se sacrifiquen día a día infinidad de pobres, desprotegidos, mujeres ancianos y niños en aras del poder, de la economía, de la soberbia. Así que no crea que nuestro mundo ha cambiado demasiado.

PAN Y CIRCO

Por el año 530 a de C. surgieron en la campiña italiana los espectáculos con gladiadores, como parte del homenaje que se realizaba a una persona importante recién fallecida. De la campiña italiana pasaron a Roma, donde se volvieron sumamente populares.
Inicialmente tan solo se trataba de una especie de competencia, un medir fuerzas entre gladiadores, perdiendo la contienda el que tocaba el suelo con la espalda. Más pronto aquél espectáculo se convirtió en favorito de multitudes, subiendo de nivel y volviéndose cada vez más exigente. Tanto furor causó esta diversión entre el público romano que en el año 29 a.C. Estacilio Tauro, construyó el primer circo dedicado en exclusiva a promover este tipo de funciones. Los políticos encontraron en esta forma de diversión un acertado medio para mantener entretenido al pueblo y dejarlo contento. Ya que entre más se divirtiera el pueblo, menos atendían de cuestiones políticas y de esta manera ellos se mantenían en paz.  Y para lograr redondear todo este asunto, a medias o al final de la función, una carreta llena de pan era arrojada entre los presentes. De ahí surgió la expresión “Al pueblo pan y circo”, porque de esta manera el pueblo se mantenía contento y perdonaba o pasaba por alto todas las tonterías cometidas por sus mandatarios.
César y Pompeyo se distinguieron en el arte de complacer a las masas, fue así como dieron en presentar animales exóticos, casi todos ellos traídos de Africa. En el año 74 Julio César presentó la primera jirafa, más luego fueron leones, osos y cuanto animal exótico se encontraron.
Dieron en hacerlos pelear entre sí. Y luego trajeron a los prisioneros y a los Cristianos haciéndolos pelear contra las bestias salvajes. La gente gritaba eufórica sedienta de sangre, y cada vez pedía más y más, pretendiendo que la emoción subiera hasta límites inimaginables. Y había que complacerlos.
El espectáculo que presentó Augusto pasó a la historia. En ocho días intervinieron 10,000 gladiadores y, a medida que avanzaba el combate, los esclavos apilaban los cadáveres y renovaban la arena empapada de sangre.
Los animales sacrificados en estos espectáculos también sumaron una cantidad bastante considerable. Fueron tantos los animales utilizados, que en algunas zonas de Africa se extinguieron varias especies.  Con Nerón se sacrificaron 400 osos y 300 leones en una sola jornada, mientras que en los cien días que duraron los juegos ofrecidos por Tito para la inauguración del Coliseo Romano, en el año 80, murieron 5,000 bestias y centenares de gladiadores.
Llegó a tal la exageración de quienes promovían y preparaban estos espectáculos, que incluso el Emperador Augusto, mandó construir gigantescos estanques de casi dos kilómetros, donde se ofreció al público una auténtica batalla naval, con barcos reales y la participación de 3000 actores que peleaban a muerte unos contra otros, ante el alarido de placer de los espectadores.
La fama que alcanzaron algunos gladiadores que siempre salían victoriosos, solo es equiparable a la de las estrellas pop de hoy en día. Fue por esta razón que no faltaron emperadores que se atrevían a lanzarse al ruedo intentando ganarse el favor de la gente, aunque cabe aclarar, que estos combates siempre estaban amañados.
Nerón tuvo la genial ocurrencia de enfrentar a un león, aunque previamente le habían limado los dientes y cortado las garras. El público lo sabía, pero se hacía de la vista gorda y le aplaudía a su gobernante.
Por su parte el Emperador Cómodo prefería enfrentarse a los gladiadores, aunque a estos les daban espadas de plomo blando que se doblaban con facilidad, y de esta forma eran vencidos sin mayor problema. Hasta el día que unos de sus enemigos prepararon bien la jugada, y lograron que uno de los gladiadores acabara con él estrangulándolo.
Cuando el Cristianismo se difundió en Roma, todo este tipo de sangrientos espectáculos empezaron a ser muy mal vistos. En el año 326 d.C. el Emperador Constantino, emitió una serie de leyes tendientes a evitar su celebración y así terminó todo aquello de que al pueblo pan y circo. Aunque en la actualidad muchos gobiernos siguen utilizando la estrategia.

FRANCESCO GUISEPPE BORRI

En 1653, un milanés de 27 años llamado Francesco Giuseppe Borri, comenzó a recorrer las calles de la ciudad diciendo a todos que se le había aparecido el arcángel Miguel, para anunciarle que él había sido elegido como capitán general del ejército del nuevo Papa, un ejército que ocuparía y revitalizaría la tierra. Además el arcángel Gabriel le había otorgado ciertos poderes divinos que le permitían ver el interior de las almas de la gente, e incluso luego le sería revelada la piedra filosofal, una sustancia buscada desde tiempos inmemoriales, capaz de transformar los metales básicos en oro.
Quienes lo conocían quedaron impresionado con Borri, no tanto por lo que decía, sino porque este personaje había llevado una vida dedicada al vino, las mujeres y los juegos de azar. Más de pronto había dejado todo eso para sumergirse en el estudio de la alquimia y hablar solo de lo místico y oculto. Esta transformación fue tan repentina y milagrosa, y sus palabras tan pletóricas de entusiasmo, que Borri generó pronto un buen grupo de seguidores.
También llamó la atención de la Inquisición Italiana, quienes por aquellos años buscaban por todos lados alguien para alimentar su hoguera. Así que Borri se fue a recorrer Europa, desde Austria hasta Holanda, prometiendo a sus seguidores que vivirían la plenitud del conocimiento y la alegría. Su enorme entusiasmo y la vivacidad de sus palabras le ganaron infinidad de seguidores por todas partes. Todo aquél que pretendía agregarse a su grupo primero debía estar en su presencia para que Borri, una vez entrado en trance, pudiera mirar su alma y descubrir si había nobleza y los atributos necesarios para integrarse a su grupo de fieles devotos. No todos eran aceptados, por lo cual se convertía en un gran honor el que Borri los considerara aptos para seguirle.
El culto constaba de siete grados o niveles, a los cuales los discípulos eran asignados de acuerdo con lo que Borri había visto en sus almas. Mediante el trabajo y una devoción total podían graduarse y pasar a un nivel superior. La prueba más difícil de superar era que debían entregarle a Borri todos sus bienes; más esto no pareció ser un gran obstáculo, ya que Borri les prometía que muy pronto terminaría sus estudios químicos y descubriría la piedra filosofal, con lo cual podrían obtener todo el oro que quisieran.
Con su creciente fortuna Borri comenzó a cambiar su estilo de vida. Se hizo llamar “Su Excelencia” o “Doctor Universal”; acostumbraba alquilar lujosas viviendas en las ciudades donde se encontraba temporalmente, amuebladas con lujo y costosas obras de arte que comenzó a coleccionar. Recorría la ciudad en un carruaje adornado con piedras preciosas y tirado por seis magníficos caballos negros. Nunca permanecía mucho tiempo en cada lugar, y cuando desaparecía, con la excusa de ir a buscar más almas para su rebaño, su ausencia con su ausenincrementaba aún más su fama.
De toda Europa llegaban hasta él los ciegos, los tullidos y los desesperados, porque se había corrido la voz de que poseía poderes curativos. Borri no cobraba por sus servicios. ¿Acaso le hacía falta?, y con ello lograba que la gente hablara maravillas de él. El hecho de que se manejara con tanto lujo, hacía que se rumorara que ya había descubierto la piedra filosofal, pero que aún no consideraba oportuno participar de ello a sus seguidores, porque todavía no estaban lo suficientemente preparados. Aunque el derroche de dinero que hacía era producto de los donativos de sus seguidores.
La Inquisición trataba por todos los medios a su alcance de acorralarlo, más sus discípulos los defendían y protegían. Para ellos el Papa era el Anticristo. Hasta que en cierta ocasión abandonó la ciudad de Amsterdam, donde se había instalado durante un tiempo, llevando consigo enormes sumas de dinero prestado y diamantes cuya custodia le habían confiado (Borri afirmaba que podía hacer desaparecer las fallas de los diamantes, gracias a sus poderes mentales).
La Inquisición lo atrapó poniéndolo en prisión por los últimos 20 años de su vida. Pero la fe de la gente era tan grande, que hasta el día de su muerte lo visitaron acaudalados feligreses, entre los que se contaba la reina Cristina de Suecia. Y con semejante apoyo logró liberarse al menos de morir en la hoguera como el caso de tantos otros sabios, iluminados y charlatanes.

SOCRATES, EL FILOSOFO GRIEGO

Sócrates, el gran filósofo griego se casó con una mujer llamada Santippe. Cuentan que era tan malhumorada, que el gran maestro andaba por las plazas, no con la intención de filosofar, sino para huir de la mujer a quien no soportaba. Al parecer era capaz de hacer razonar a todo
mundo, menos a la mujer que tenía en casa. ¡Sabrá Dios cómo haya sido!.
En el ágora de la ciudad, que era el lugar de los grandes foros, se reunían los sofistas, personajes eminentes que provenían de todas las regiones de la península, atraídos por el esplendor de Atenas. Se presentaban en público vestidos con ricas vestimentas y mantos color púrpura, luciendo su destreza en la retórica, como elocuentes oradores, discurriendo su supuesta sabiduría sobre cualquier tema, que enseñaban a los jóvenes mediante una propina, lo cual les permitía vivir holgadamente y con fortuna. Su actitud soberbia les hacía presentarse como si todo lo supieran, siendo capaces de enfrentar y salir abantes sobre cualquier tema.
A Sócrates le parecían unos personajes nefastos, mostraba una actitud desafiante hacia ellos y los metía en serios predicamentos. Mientras que los sofistas creían ser dueños de la verdad absoluta, Sócrates por el contrario afirmaba totalmente seguro de sí mismo: “Yo sólo sé que no se nada”. Daba sus enseñanzas paseándose por la plaza. Utilizaba la ironía, y fingía en todo momento “ignorancia”. Jamás mostraba la verdad, en cambio motivaba a sus discípulos a encontrarla por ellos mismos. Tal y como pregonaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Esa era la finalidad fundamental de la filosofía, encontrar la naturaleza de la virtud y del vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí y la justicia para con los semejantes.
La enseñanza socrática iba encaminada a la búsqueda de la verdad, considerando que es necesaria la sabiduría para adquirir la virtud. Y se convirtió en la conciencia de Atenas, descubriéndole sus vicios e incitándola a buscar el cambio, más sin embargo la verdad resulta muchas veces amarga para los hombres. Y aquella actitud le ganó enemigos a diestra y siniestra. Meleteo, Licone y Anito, tres personajes importantes de la sociedad de Atenas, presentaron la denuncia. Sócrates fue acusado de ser culpable por no reconocer a los dioses de la ciudad y por introducir nuevos. Además por corromper con sus discursos a la juventud. Solicitando para él la pena de muerte. Sócrates pudo haber huido, como alguna vez lo hizo Protágora o Anasságora, quienes pasaron por algo semejante, pero no lo hizo. Y fue condenado casi por unanimidad por los jueces a morir envenenado.
Recluido en la prisión, sus discípulos van a verle. Se hicieron presentes Felón, Apolodoro, Critóbulo y su padre, Hermógenes, Epígenes, Antístenes, Cebes, Redondas y varios más. Faltaron, su ilustre discípulo Platón, que estaba enfermo, y por supuesto, los cobardes, que negaron aquél día hasta haberlo conocido. El mismo cuento de siempre.
Encontraron al maestro sentado en su estrecha prisión, frotándose las piernas, bastante adoloridas por las ingratas cadenas que cargó antes de la fatídica sentencia. Cuando su mujer Xantipa, ve llegar a los discípulos, prorrumpe en gritos desaforados, haciendo más ingrata la situación. “¡Ay Sócrates, este es tu último día”!, decía la mujer a grito abierto, y luego continuaba: “¡Ya no verás más a tus amigos” , y así proseguía con sus desaforados lamentos. Sócrates, harto ya de la situación suplicó a Critón, que como hombre rico que era se había hecho acompañar de sus esclavos, que le acabaran aquella pena, echando de inmediato a su mujer fuera de la celda, petición que no se le puede negar a un condenado a muerte, y mucho menos a un maestro y amigo; así que cumplida la petición el filósofo respiró con gran alivio.
En compañía de sus discípulos, el gran maestro se olvidó que la muerte impaciente le esperaba, e inició amena conversación y atinado doctrinaje. La plática subió de tono, y con ello la emoción, así que el buen Critón, le dijo a su maestro, que el verdugo recomendaba que no se excitara demasiado, porque el veneno tardaría mucho más en hacer efecto. Más Sócrates, con su característica ironía, recomendó no hacerle caso – que se preocupe de su menester – dijo el maestro – y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple”.
Poco después llegó el carcelero encargado de darle el veneno y le dijo al maestro: “Sócrates, no guardaré rencor ni pensaré mal de tí como sucede con otros que me maldicen porque les traigo el veneno que ordenan los magistrados. De tí ya he conocido que eres un hombre noble, paciente y
bueno como no he conocido otro. Y si te enojas, sé que no lo harás contra mí sino contra quienes son los culpables, que ya bien conoces. Procura pues, soportar sencillamente lo inevitable”.
Después de decir lo anterior, el carcelero se marchó llorando. Sócrates, antes de que partiera, le dijo: “Salud también a tí, y yo haré cuanto me dices”. Después le dice a sus discípulos: “Que amable es este hombre. Todo el tiempo solía visitarme y a veces hablaba conmigo, y era un hombre excelente, y ahora, qué noblemente me llora... Vayan a traerme el veneno si ya está molido, y si no, que lo muela de una vez este hombre”.
Cuando trajeron la copa, Sócrates la tomó muy serenamente, sin temblar ni alterársele ni el color ni el rostro. La mayoría de sus amigos, que hasta entonces habían logrado contenerse, al ver que su maestro tomaba el mortal veneno, comenzaron a llorar. Sócrates viendo la situación les dijo: “¿Que hacéis, hombres desconcertantes? Precisamente por eso no quise que estuvieran aquí las mujeres, para evitar estos excesos. Así pues no alborotéis y conteneos”.
Poco después Sócrates dijo que le pesaban las piernas y se acostó boca arriba, tal y como se lo habían mandado. Antes de morir, llamó a Critón y de dijo: “A Esculapio le debemos un gallo, pagádselo y no lo descuidéis”. Critón le prometió que cumpliría con el mandato. Instantes después los ojos de Sócrates se paralizaron y sus discípulos se dieron cuenta que el maestro había muerto.