jueves, 27 de octubre de 2011

CÓMODO, EL EMPERADOR ROMANO

En cuanto Cómodo se convirtió en Emperador, allá por el año 180, lo primero que se le ocurrió fue hacerse adorar como la encarnación de Hércules y Mitra, obligando a sus súbditos creer semejante tontería, hasta el punto de adoptar el divinizado título de Hérculus Romanus. Dicen que había matado a su padre, aunque esto no ha sido jamás probado, pero sí parece que violó a sus hermanas, llegando a tanto su depravación que le cambió el nombre a una de sus múltiples concubinas, por el de su progenitora, porque teniendo cierto parecido con ella, se daba el malévolo placer de lo que usted ya se imagina.

Pero el emperador Cómodo fue aún más lejos: mató a su hermana Sucilla y a una de sus esposas llamada Cripisca.

También le gustaba luchar con los gladiadores, pero bajo sus reglas, para no tener el final destinado a estos guerreros. Siempre salía victorioso porque les daba a sus contrincantes espadas de madera, mientras el bajaba a la arena pertrechado de todo arsenal de espadas de verdad, mazos y demás armas de muerte. Así que quien tenía que enfrentar al Emperador ya había perdido la contienda desde antes de comenzar.

Mas de 700 veces bajó el Emperador a la arena a ejercitarse en estas luchas, aunque en otras veces su crueldad iba mucho más lejos y superaba todo lo conocido. Abusando de su excelente condición física, destripaba animales y torturaba esclavos, además salía a las calles de Roma y blandiendo su maza de héroe griego, aporreaba con ella, hasta la muerte, a cuanto lisiado se encontraba en su camino.

Pese a la negativa de los miembros del Senado, puso en venta todos los cargos públicos en un afán de llenarse hasta saciar los bolsillos. No obstante, y por el terror que emanaba de sus decisiones caprichosas e inesperadas, en los momentos de su máximo poder, el Senado lo proclamó como “el más noble y más glorioso de los príncipes”. Ello a pesar de su vida disoluta y escandalosa, misma que no se preocupaba en lo absoluto de disimular. Todo lo contrario, ordenó, desde el inicio de su reinado, que se tomara constancia de todo lo que hacía en las Actas Públicas de Roma (una especie de gaceta oficial), sin que hubiera censura alguna, ya que Cómodo estaba convencido, de que la posteridad agradecería el poder conocer su glorioso paso por la vida.

En realidad los trabajos del Imperio ni le importaban, todo lo delegaba en Perennis, quien era el verdadero gobernante de Roma, lo cual dejaba a Cómodo en total libertad para dedicarse a los placeres y a las maldades. Aunque con ello despilfarrara todos los tesoros del Imperio.

Y sus excentricidades no tenían límite. Al tener noticia de un ciudadano llamado Onon (palabra que significa asno), lo mandó llamar y colmó de riquezas, nombrándolo además Gran Sacerdote de Hércules, al cual, por cierto, desnudaba para apreciar el miembro viril que le había obsequiado la madre naturaleza y que hacía mucho honor a su nombre.

Pero aún hay más. Realizaba banquetes a los que nadie quería ser invitado, aunque quien lo fuera debía ir si no deseaba acarrear sobre sí toda la furia del Emperador. Los sabrosísimos manjares que se servían incluían además excrementos y sangre menstrual, debiendo todo ello ser consumido sin exteriorizar el asco correspondiente.

Hartos sus súbditos de todas sus fechorías y depravaciones, algunos de sus allegados, entre ellos una de sus concubinas, lo envenenaron, y como esto no fue suficiente para darle muerte, lo estrangularon y hasta asfixiaron con su propio colchón.

El mismo Senado que le aplaudió por temor, lo describiría posteriormente como “más cruel que Domiciano y más impuro que Nerón”. Sus restos fueron enterrados en la fosa común a donde iban a parar los cuerpos destrozados de los gladiadores muertos en el circo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy interesante

Alejandro Martínez dijo...

El emperador de la imagen no es Cómodo, sino Augusto y la escultura se llama "Augusto de Prima Porta". Basta ya de mentir