viernes, 30 de octubre de 2009

LA INSOLITA HISTORIA DE CHELO PRIETO

Chelo prieto no es el nombre de una mujer. Es el nombre que Carlos Prieto, el afamado chelista mexicano, le dio a su violonchelo Stradivarius. Antiguamente se le llamaba Piatti, porque han de saber que todos los instrumentos Stradivarius tienen un nombre, relacionado siempre con alguno de los dueños que han tenido en su existencia, pero Carlos Prieto le cambió de nombre. ¿La razón?

El violonchelo es un instrumento valioso y delicado, que para viajar se convierte en un objeto verdaderamente incómodo, sobre todo en los aviones. No se puede enviar como equipaje por las elevadas probabilidades de que llegue a su destino hecho pedazos, pues las bandas de los aeropuertos están diseñadas para manejar maletas. No se puede meter en la cabina, libre de cargo, como los violines, porque no cabe debajo del asiento ni en los compartimientos superiores de equipaje de mano. Debe, pues, viajar como un pasajero cualquiera y ocupar un asiento. Las reglas indican que el violonchelo debe pagar tarifa normal y colocarse en un asiento de ventanilla que no coincida con la salida de emergencia.

A pesar de la claridad de las reglas, los empleados de la venta de pasajes de muchas compañías de aviación se desconciertan cuando llega alguien a comprar un boleto para un violonchelo. Empiezan a consultar manuales o a llamar a supervisores y se pierde a veces tiempo considerable. Por ello, Carlos Prieto, optó por comprar el boleto con el nombre de Chelo Prieto, sin especificar si es señora, señorita o instrumento musical. El nombre que aparece en general es Srita. Chelo Prieto o Miss Cello Prieto e inclusive tiene una tarjeta de viajero frecuente con ese nombre. Y para utilizar el kilometraje acumulado, se ve en la necesidad de falsificar la firma de Miss Cello Prieto.

En 1985, el maestro Carlos Prieto realizó una gira de conciertos que incluía ciudades de Rusia, Estonia, Lituania y Letonia.

Dentro de esta gira hizo escala en Riga, donde fue preciso bajar de la aeronave para revisión de los pasaportes. Al regresar a sus asientos las azafatas se alarmaron al descubrir que había desaparecido un pasajero. Y para colmo de males era extranjero!. Las azafatas iban y venían, presas de gran nerviosismo. Carlos Prieto se imaginó lo que sucedía y acercándose a las azafatas les preguntó si podía ayudarles a encontrar al pasajero faltante. Lo miraron con desconcierto y casi con indignación. Más su expresión cambió cuando les informó que el pasajero perdido se llamaba Chelo Prieto y estaba sujeto a su asiento, porque se trataba de su violonchelo.

En noviembre de 1999 el maestro llegó al aeropuerto de Nueva York y se acercó a una ventanilla para comprar sus pasajes de avión. La empleada le preguntó atinadamente la edad del violonchelo. Carlos Prieto le informó que estaba por cumplir los 280 años de edad. Entonces ella, con una amable sonrisa le dijo: “Bien, en un caso así, tiene derecho a disfrutar de un descuento que otorgamos a los viajeros de la tercera edad.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que magnifica y encantadora historia, muchas gracias

gaia dijo...

que increíble historia y muy graciosa

Martino Villhal dijo...

Que genial manera de relatarlo hace muy amena la información, muchas gracias!

Venus Bon dijo...

Falta la historia que él mismo cuenta, de cómo llegó "Chelo" de Eurooa.

Venus Bon dijo...

Falta la historia que él mismo cuenta, de cómo llegó "Chelo" de Eurooa.